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Nadando en aguas de remanso


El pasado 28 y 29 de marzo, en la sala principal del Teatro Nacional de la República Dominicana, se presentó una vez más El Caminante de Nazaret, una ópera del maestro José Danilo Grullón que relata algunos de los episodios más significativos de la pasión de Jesucristo en Jerusalén.

Qué afortunado he sido al ser invitado a formar parte de esta gran gala.

Tuve el privilegio de participar como tenor, interpretando a Cleofás, un seguidor del Mesías que, junto a un compañero, caminaba hacia Emaús tras la muerte y sepultura del Maestro… cuando, sin saberlo, se les aparece Jesús en el camino.

Ese episodio, narrado con la sensibilidad de Grullón y enriquecido por un ingenio musical extraordinario, se convirtió en uno de los momentos más especiales de la obra. Particularmente porque incluye el único merengue “pambiche” dentro de la composición. Y aunque la ópera integra diversos géneros tropicales y autóctonos del Caribe, ese instante logró una conexión única con el público, que abarrotó la sala y respondió con una mezcla de júbilo, sorpresa y emoción.

Para mí, no podía ser más natural.

Desde mi esencia de artista merenguero, me sentí literalmente nadando como pez en el agua.

Debo destacar la gentileza del Dr. Moisés Almonte, productor del espectáculo, quien tuvo a bien incluirme en este proyecto. Ese gesto lo valoro profundamente. Como cristiano confeso y convicto, asumí esta participación como una oportunidad para honrar a Dios, preparándome con disciplina y entrega para ofrecer lo mejor de mí en cada momento sobre el escenario.

En esta versión 2026, la dirección musical estuvo a cargo de Elioenai Medina, de quien solo recibí palabras de afirmación y confianza, lo cual fue clave para mi desempeño. Por su parte, la dirección artística de Jennie Guzmán aportó una nueva dinámica a la puesta en escena, introduciendo ajustes que hicieron las transiciones más ágiles, precisas y efectivas.

A veces me detengo a pensar en los caminos que recorre la vida artística…

Después de más de 40 años sobre los escenarios, ¿quién diría que aquel intérprete del merengue —desde Merengue con Ópera hasta el merengue clásico— estaría hoy cantando ópera sacra en el Teatro Nacional?

Y, sin embargo, todo tiene sentido.

Mi formación lírica es la que ha abierto estas puertas, y agradezco profundamente que se me haya considerado para asumir este reto. Lo recibo con humildad y alegría, consciente de que el arte, cuando es auténtico, no conoce fronteras.

Hoy puedo decir que tengo el privilegio de nadar tanto en aguas saladas como dulces…y también, en esas aguas de remanso donde la música, la fe y la vocación se encuentran.


 

 
 
 

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