La cultura dominicana no está en peligro por lo extranjero. Está en riesgo por la falta de sistema.
- Carlos A Fatule
- hace 16 horas
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Por Carlos Alfredo Fatule G.
Durante años hemos repetido una idea cómoda: que la mayor amenaza para nuestra cultura es lo que viene de fuera. Que la música extranjera. Los contenidos globales. Las plataformas. Pero esa narrativa es incompleta. La cultura dominicana no se diluye porque exista lo extranjero. Se debilita cuando no existe un sistema que la sostenga, la eduque y la proyecte. La influencia externa no es nueva. Lo nuevo es nuestra falta de estructura para dialogar con ella sin desaparecer. Identidad sin sistema es nostalgia. Tenemos talento. Tenemos historia. Tenemos expresiones culturales únicas. Lo que no hemos construido con suficiente rigor es un sistema cultural coherente, capaz de convertir identidad en continuidad. Hemos confundido cultura con eventos. Con conciertos. Con espectáculos. Con agendas de visibilidad. Pero la cultura no se preserva celebrándola solamente. Se preserva organizándola.
El gran autoengaño. De nada vale escribir programas culturales brillantes en campaña política. si, una vez en el cargo, se continúa gobernando la cultura con las mismas viejas prácticas, donde el sistema de relaciones públicas sustituye al sistema cultural. La cultura no puede depender de la foto, del evento puntual ni del aplauso momentáneo. Porque el espectáculo emociona… pero el sistema perdura.
La influencia extranjera no invade: ocupa el vacío. Ninguna cultura fuerte le teme al intercambio. Las culturas sólidas dialogan, filtran, integran y dan otro significado. El problema aparece cuando ese diálogo ocurre sin dirección, sin criterio, y sobre todo sin educación cultural real. Cuando un joven dominicano elige lo que está de moda, no siempre es por rechazo a lo propio. Muchas veces es porque nadie le enseñó a apreciarlo.
Educación cultural: el eslabón más débil. No se trata solo de enseñar a cantar, pintar o bailar. Se trata de educar la apreciación. Porque solo quien aprende a apreciar aprende a comparar. Y solo quien compara elige con conciencia. Sin educación cultural, en música, literatura, danza, pintura, escultura, identidad, la elección es tácita, no crítica. Y lo que llega mejor empaquetado… reemplaza.
Cultura como activo estratégico. Los países que han logrado proyectar su identidad cultural no lo hicieron por accidente. Entendieron algo fundamental: la cultura no es solo expresión. Es un activo estratégico de nación. Un activo que genera cohesión social, construye diplomacia cultural, fortalece una economía creativa real y proyecta identidad sin pedir permiso.
Preservar no es congelar. Defender la identidad no es encerrarla. Es darle estructura para evolucionar sin desaparecer. La pregunta ya no es si la cultura dominicana es valiosa. Eso está claro. La verdadera pregunta es esta: ¿Estamos construyendo el sistema necesario para que nuestra cultura sobreviva, se fortalezcay se proyecte en el tiempo? Porque sin sistema, la identidad no muere de golpe. Se diluye lentamente. En silencio. Hasta que ya es muy tarde.






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